En archivística, los archivos activos hacen referencia a aquella documentación que todavía se utiliza habitualmente en la gestión de la institución u ógano en el que se han generado. Se les denomina también archivos de gestión.
Por otro lado, los archivos pasivos o archivos inactivos son aquellos partes de un archivo que han perdido su utilidad en el día a día y que no sufren modificaciones, por los que tras la pertinente valoración documental en la que se les otorgue únicamente un valor secundario pasan a constituir un archivo histórico.
Entre los archivos activos y pasivos, pueden distinguirse también los archivos semiactivos, como colección de documentos que se utilizan de forma ocasional. Los archivos semiactivos pasan a formar parte de los llamados archivos intermedios.