El crecimiento económico es el aumento sostenido de la producción de una región o país, más concretamente de su Producto Interior Bruto. En general, puede afirmarse que el crecimiento económico aumenta la riqueza del país, disminuye el desempleo (véase la ley Okun) y mejora la vida de sus ciudadanos, y contribuye al desarrollo económico y humano a largo plazo. Sin embargo, cuando las desigualdades económicas son grandes, puede ocurrir que el crecimiento económico no beneficie más que a las clases ricas y a las grandes empresas, dejando a las clases desfavorecidas al margen de ese crecimiento. A lo largo de la historia, los siglos XIX y XX han sido la etapa de mayor crecimiento económico, fruto de la Revolución Industrial y del desarrollo de la sociedad del consumo y de la información. El principal modelo que analiza la dinámica del crecimiento económico es el modelo de Solow (1956), también llamado modelo neoclásico de crecimiento económico.
Por otro lado, a la hora de calcular la tasa de crecimiento económico, hay que distinguir entre la tasa de crecimiento nominal, que incluye el aumento de los precios de los productos y servicios producidos, y la tasa de crecimiento real, que excluye el efecto de la subida o inflación de los precios (veáse: cantidades nominales y cantidades reales y deflactación).