Exposición

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La exposición es la cantidad total de luz que recibe el sensor o la película durante una toma. Depende de tres ajustes: el diafragma, que fija cuánta luz pasa por el objetivo; la velocidad de obturación, que fija durante cuánto tiempo pasa; y la sensibilidad ISO, que no añade luz pero decide cuánto se amplifica la señal recogida. Una fotografía está «bien expuesta» cuando los tonos que interesan caen dentro del intervalo que el soporte es capaz de registrar con detalle. Ese juicio depende de la escena y de la intención, no de un valor único.

Los tres ajustes se miden con la misma unidad, el paso (stop en inglés). Un paso duplica o reduce a la mitad la luz: pasar de f/8 a f/5,6, de 1/125 a 1/60 o de ISO 200 a ISO 400 produce el mismo aumento de exposición. Esa equivalencia es la que permite compensar un ajuste con otro, y es lo que se suele dibujar como triángulo de la exposición. La imagen resultante, sin embargo, no es la misma. Abrir el diafragma reduce la profundidad de campo; alargar el tiempo deja rastro de lo que se mueve; subir el ISO añade ruido. Elegir la combinación es elegir qué sacrificar.

Los fotógrafos resumen la combinación de diafragma y tiempo en un solo número, el valor de exposición (EV). EV 0 corresponde a f/1 durante un segundo, y cada unidad más es un paso menos de luz. Una escena a pleno sol ronda EV 15; una calle iluminada de noche, EV 5 o 6. La vieja regla del 16 soleado sale de ahí: con sol directo, a f/16, el tiempo correcto es aproximadamente el inverso del ISO, es decir 1/100 con ISO 100.

Para decidir la exposición, la cámara mide la luz que refleja la escena y supone que, en promedio, esa escena es un gris medio: el famoso gris del 18 %, aunque cada fabricante calibra el suyo entre el 12 y el 18 %. Por eso una playa nevada sale grisácea y un gato negro sobre fondo negro sale gris oscuro. El fotómetro no se equivoca; hace lo que se le pide. Corregirlo con la compensación de exposición (más uno o dos pasos para la nieve, menos para el gato) es la decisión que el aparato no puede tomar por el fotógrafo. Los modos de medición (matricial, ponderada al centro, puntual) cambian qué parte de la escena entra en ese promedio. El sistema de zonas de Ansel Adams llevó este razonamiento hasta sus últimas consecuencias (ver Ansel Adams y el sistema de zonas).

Cuando la escena tiene más contraste del que el soporte puede registrar, no hay exposición correcta en sentido estricto: o se pierden las luces o se pierden las sombras. Un sensor actual distingue entre doce y catorce pasos de rango dinámico; una diapositiva, unos cinco o seis. En digital la regla práctica es proteger las luces, porque un píxel saturado no conserva información y una sombra oscura todavía puede levantarse en el revelado, aunque con ruido. De ahí la técnica de exponer a la derecha: llevar el histograma lo más a la derecha posible sin tocar el borde, para captar más señal y menos ruido en las sombras. En película negativa la regla era la contraria: exponer para las sombras y dejar que el negativo absorbiera las luces.

La sobreexposición y la subexposición también son recursos. La fotografía en clave alta, de tonos claros y sombras casi ausentes, se usa en retrato y moda; la clave baja, dominada por negros, en bodegón y retrato dramático. Una exposición larga convierte el agua en niebla y los faros en líneas; una muy corta congela una gota en el aire. Lo que se mide es la luz, pero lo que se decide es el aspecto de la fotografía.

Diafragma y número f – Sensibilidad ISO – Velocidad de obturación – Histograma (fotografía)

Sarasola, Eneko (2023). "Exposición". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/exposicion/

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