El océano Atlántico es uno de los cinco océanos de la Tierra, situándose entre Europa y África, por un lado, y América por otro. Ocupa el 28% de la superficie de todos los océanos y el 16% de la superficie planetaria, ocupando un total de 82 400 000 km2, siendo el segundo océano más grande, después del océano Pacífico. De norte a sur tiene una longitud de 5 000 km, tomando como eje la forma de una S larga, y una anchura en un intervalo de entre 2 840 y 6 757 km. Se divide en dos grandes zonas marinas, el Atlántico Norte y el Atlántico Sur, separadas por el ecuador. Además, posee numerosos mares costeros en las zonas de contacto con Europa, América y África, siendo los más grandes el mar Labrador, el mar del Norte, el mar Báltico, el Mediterráneo, el mar Caribe y el golfo de Guinea. Las principales islas e archipiélagos son Islandia, Gran Bretaña e Irlanda, las Antillas, las Azores y las islas Malvinas.
El océano Atlántico tiene una influencia notable en el clima de los territorios vecinos. La corriente del Golfo transporta las cálidas aguas del Caribe a través del Atlántico hasta la costa europea, generando de esta forma un clima más templado que el que correspondería a ese continente por su latitud. Son frencuentes los huracanes que se desarrollan en las cálidas aguas tropicales del Atlántico, con frecuencia causantes de desastres en las islas del Caribe, Centroamérica y Norteamérica.
El origen del océano Atlántico se sitúa en la fragmentación del supercontinente Pangea a lo largo del Cenozoico, con la consiguiente distribución de placas tectónicas de los continentes África, Eurasia, Norteamérica y Sudamérica alrededor de la corteza oceánico del Atlántico. Actualmente el océano Atlántico sigue extendiéndose debido al empuje de la nueva corteza oceánica que genera la dorsal mesoatlántica.