Se llama era de la información o era digital al periodo que comienza en las últimas décadas del siglo XX, en el que la producción, el tratamiento y la transmisión de información pasan a ser la actividad económica y social central, por delante de la fabricación de bienes. La expresión se popularizó con la trilogía La era de la información (1996-1998) del sociólogo Manuel Castells. Recoge, sin embargo, una idea que venía de antes: el economista Fritz Machlup había medido en 1962 el peso de la «industria del conocimiento» en Estados Unidos, y Daniel Bell describió en 1973 la sociedad postindustrial, en la que los servicios y el saber técnico desplazan a la industria.
Lo que distingue a esta etapa no es que la información importe, porque siempre ha importado, sino el soporte. La digitalización convierte textos, imágenes, sonido y datos en un mismo formato que se copia sin pérdida y casi sin coste. Las redes, e internet sobre todo a partir de la web de 1991, permiten enviarlo a cualquier parte en segundos. La consecuencia económica es que el coste de reproducir y distribuir un producto informativo tiende a cero, mientras que el de producir el primero sigue siendo alto. De ahí la concentración de mercados en pocas plataformas y la importancia de los datos sobre usuarios como materia prima.
Castells resumió el cambio en la noción de sociedad red: la forma de organización dominante deja de ser la jerarquía estable (la fábrica, el ministerio, el partido de masas) y pasa a ser la red flexible, que conecta y desconecta nodos según su utilidad. Esa lógica alcanza a la empresa, que subcontrata y deslocaliza; al trabajo, que se vuelve más individual y menos estable; y a la política, que se juega cada vez más en los medios y, después, en las redes sociales. Para Castells la red también excluye: quien no aporta valor a ella queda fuera, sea una persona, un barrio o una región.
Esa exclusión tiene nombre propio, la brecha digital. En su primer sentido es la diferencia entre quienes tienen acceso a internet y quienes no. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, en 2024 seguía sin conexión alrededor de un tercio de la población mundial, concentrada en los países de renta baja y en las zonas rurales. En los países ricos, donde el acceso es casi universal, la brecha se ha desplazado hacia las habilidades (saber buscar, evaluar y producir información) y hacia el uso que se hace de la conexión, que reproduce en buena medida las desigualdades de renta y de educación previas.
El concepto tiene también sus críticos. Algunos historiadores señalan que el telégrafo, la imprenta o la burocracia estatal ya produjeron «revoluciones de la información», y que hablar de una era nueva exagera la ruptura. Otros, desde la sociología del trabajo, recuerdan que la economía digital descansa sobre una base material muy física: minas de litio y cobalto, centros de datos con enorme consumo eléctrico y trabajo manual mal pagado de montaje, reparto y moderación de contenidos. La era de la información sigue siendo, también, una era industrial.
Sociedad postindustrial (sociedad posindustrial) – Era Digital – Brecha digital – Acceso a las tecnologías de información y comunicación