Niebla es una novela de Miguel de Unamuno publicada en 1914. Cuenta la historia de Augusto Pérez, un joven rico, solitario y sin oficio que vive como entre la niebla, sin saber muy bien quién es ni qué quiere. Un día se enamora de Eugenia Domingo del Arco, una profesora de piano, y ese amor le obliga por primera vez a sentirse vivo. Eugenia lo engaña y lo abandona, y Augusto decide suicidarse. Antes va a Salamanca a consultar su decisión con el autor de la novela, Miguel de Unamuno, que le revela que no es más que un personaje de ficción y que no puede matarse porque es él, el autor, quien ha decidido matarlo.
Unamuno no la llamó novela, sino «nivola», una palabra inventada para escapar de las reglas del género: casi no hay descripciones, el argumento importa poco y la mayor parte del libro son diálogos y monólogos en los que los personajes discuten sobre el amor, la muerte, Dios y la existencia. El libro se abre con un prólogo firmado por Víctor Goti, un personaje de la propia novela, y con un «post-prólogo» en el que Unamuno le contesta. Tiene treinta y tres capítulos y se cierra con una «oración fúnebre por modo de epílogo» que pronuncia el perro de Augusto. El encuentro entre el personaje y su autor, en el capítulo 31, es uno de los momentos más célebres de la literatura española.
Los personajes principales son Augusto Pérez, huérfano reciente y rico; Eugenia Domingo del Arco, la pianista, independiente y calculadora; Mauricio, el novio de Eugenia, un vago; don Fermín y doña Ermelinda, los tíos con los que vive Eugenia; Víctor Goti, el amigo de Augusto, que está escribiendo una nivola; Liduvina y Domingo, la cocinera y el criado de Augusto; Rosario, la joven planchadora; Orfeo, el perro que adopta Augusto; y el propio Miguel de Unamuno, que aparece como personaje.
RESUMEN POR CAPÍTULOS
Capítulo 1
Augusto sale de casa, extiende la mano para ver si llueve y abre el paraguas pensando qué dirección tomar. Como no tiene ningún motivo para ir a un sitio o a otro, decide seguir al primer perro que pase. Pasa en cambio una muchacha guapa, y la sigue. La muchacha entra en un portal. Augusto pregunta a la portera, Margarita, que le dice con naturalidad que se llama Eugenia Domingo del Arco, que es huérfana, que vive con sus tíos y que da clases de piano. Augusto vuelve a casa decidido a escribirle.
La conquista de Eugenia
Augusto vive solo desde que murió su madre, hace seis meses, atendido por Liduvina, la cocinera, y Domingo, el criado. Escribe a Eugenia y va a jugar al ajedrez al casino con su amigo Víctor Goti, a quien le cuenta que se ha enamorado. Se presenta en casa de los tíos de Eugenia. Don Fermín es un anarquista teórico, místico y defensor del esperanto, y doña Ermelinda, una mujer práctica que ve en Augusto un buen partido para su sobrina. Eugenia, en cambio, lo recibe con frialdad. Tiene novio, Mauricio, y además le molesta que su tía quiera casarla con un hombre rico. Augusto se entera de que la casa de Eugenia está hipotecada. Mientras tanto, por la calle recoge a un cachorro abandonado y lo llama Orfeo. Desde entonces le habla a menudo, y el perro se convierte en el oyente de sus monólogos sobre la vida.
Rosario y la hipoteca
Augusto paga en secreto la hipoteca de Eugenia para ganarse su amor. Cuando ella se entera, se ofende: dice que no está en venta y que no quiere deberle nada. Augusto, confundido, empieza a sentirse atraído por Rosario, la joven planchadora que le lleva la ropa a casa. La besa, la sienta en sus rodillas y habla con ella, pero no se decide. Augusto se pregunta si está enamorado de Eugenia, de Rosario o de todas las mujeres a la vez. Liduvina y Domingo opinan sobre los amores del señorito con sentido común de criados.
Víctor y la nivola
Víctor le cuenta a Augusto su propia historia: se casó joven, durante años no tuvo hijos, se resignó, y ahora que su mujer espera uno no sabe si alegrarse. Le explica también que está escribiendo una novela sin argumento, en la que los personajes se van haciendo mientras hablan, y que la va a llamar nivola. Augusto empieza a sospechar que él mismo vive así, sin argumento. Consulta a un erudito, Antolín Sánchez Paparrigópulos, que estudia a las mujeres en los libros, y hace con Rosario lo que llama un experimento psicológico para entender el alma femenina. No saca nada en claro.
El compromiso y la fuga
Eugenia cambia de actitud. Le pide perdón a Augusto, acepta su amor y se prometen. Le confiesa que ha dejado a Mauricio, y le pide a Augusto que le busque un empleo a Mauricio para que se marche de la ciudad. Augusto lo consigue. Los preparativos de la boda avanzan, y Augusto se siente por fin alguien. Tres días antes de la boda recibe una carta de Eugenia: se ha ido con Mauricio, que ahora tiene trabajo gracias a él. Se burlan de él. Augusto, humillado, descubre que ha sido un muñeco en manos de otros y que nunca ha sabido si existe de verdad.
Capítulo 31
Augusto decide suicidarse. Antes, como ha leído un ensayo de Unamuno sobre el suicidio, viaja a Salamanca a consultar con él. Unamuno lo recibe en su despacho y le revela que no existe: es un ente de ficción, un personaje de la novela que él está escribiendo, y por eso no puede matarse. Augusto se rebela. Le dice que quizá sea Unamuno el que no existe, que el autor es solo un pretexto para que sus personajes vivan, y que él también morirá. Unamuno, irritado, le anuncia que ha decidido matarlo. Augusto le suplica que lo deje vivir, que lo deje ser él mismo, y se marcha diciéndole que también su autor morirá.
Capítulos 32 y 33
Augusto vuelve a casa, cena con un hambre enorme, como si quisiera llenarse de vida, y se acuesta. Esa noche muere. El médico no sabe si ha sido un suicidio o una indigestión. Domingo envía un telegrama a Unamuno. El autor piensa en resucitarlo, pero en un sueño se le aparece Augusto y le dice que eso ya no es posible, que lo ha matado y que quien muere en una novela no vuelve.
Oración fúnebre por modo de epílogo
El libro termina con el monólogo de Orfeo junto al cuerpo de su amo. El perro reflexiona sobre los hombres, que hablan para no entenderse y sufren porque piensan, y llega a la conclusión de que su amo era un pobre ser como todos. Después, de pena, muere también.
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