Luces de bohemia es una obra de teatro de Ramón María del Valle-Inclán publicada por entregas en 1920 y como libro, ampliada, en 1924. Cuenta la última noche de Max Estrella, un poeta ciego, pobre y orgulloso, que recorre Madrid en compañía de don Latino de Hispalis, un amigo vividor y traidor. En una sola noche, Max pasa por una librería, una taberna, la comisaría, un calabozo, la redacción de un periódico, el despacho de un ministro y un café de poetas. Al amanecer muere de frío en el portal de su casa. Su amigo le roba la cartera, en la que había un décimo de lotería premiado.
Es la obra con la que Valle-Inclán bautizó el esperpento, una manera de deformar la realidad para mostrar lo que tiene de grotesco. En la escena XII, Max lo define así: los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos del callejón del Gato dan el esperpento, porque «el sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada». La obra tiene quince escenas, sin actos, y ocurre en un Madrid «absurdo, brillante y hambriento», con una crítica feroz a la política, la prensa, la policía, la literatura y la miseria de la España de la Restauración.
Los personajes principales son Max Estrella, poeta ciego inspirado en el escritor Alejandro Sawa; don Latino de Hispalis, su lazarillo, cobarde y aprovechado; Madama Collet, la mujer francesa de Max, y Claudinita, su hija; Zaratustra, el librero; don Peregrino Gay, un escritor; Pica Lagartos, el tabernero, y Enriqueta la Pisa Bien, una vendedora de lotería; los jóvenes poetas modernistas; el capitán Pitito y Serafín el Bonito, policías; Mateo, un preso anarquista catalán; el Ministro de la Gobernación, antiguo compañero de Max; Rubén Darío; y el Marqués de Bradomín.
RESUMEN POR ESCENAS
Escena I
En su buhardilla, Max Estrella recibe la noticia de que el periódico en el que escribía ha prescindido de sus crónicas. Ciego, sin dinero y sin trabajo, propone a su mujer, Madama Collet, y a su hija, Claudinita, un suicidio colectivo con carbón. Llega don Latino, que ha vendido por casi nada unos libros de Max al librero Zaratustra. Max, indignado, decide ir a deshacer el trato, y sale con don Latino a la calle.
Escena II
En la cueva de Zaratustra, el librero, Max reclama sus libros y Zaratustra le dice que ya no puede devolverlos. Don Latino, cómplice del librero, le sigue el juego. Llega don Peregrino Gay, un escritor que vuelve de Londres, y los tres hablan de religión, de España y de lo atrasada que está. Max sale de la librería sin sus libros.
Escena III
Max y don Latino entran en la taberna de Pica Lagartos. Enriqueta la Pisa Bien, una muchacha que vende lotería, le reclama a Max un décimo que su madre le había dejado fiado. Max se lo queda y, para pagarlo, deja su capa en prenda al tabernero. Sale a la noche fría con el décimo en el bolsillo y sin abrigo.
Escena IV
En la calle, Max y Latino se encuentran con un grupo de jóvenes poetas modernistas. Hay disturbios, gritos obreros y cristales rotos. Max, borracho, grita por la calle y se burla de los guardias, y el capitán Pitito lo detiene.
Escena V
En la comisaría del Ministerio de la Gobernación, Max se burla de Serafín el Bonito, el inspector que le toma los datos. Se presenta con aires de grandeza, los ridiculiza y lo meten en el calabozo.
Escena VI
En el calabozo, Max conversa con un preso, Mateo, un obrero anarquista catalán. Mateo le cuenta que lo van a matar aplicándole la ley de fugas, es decir, simulando que se escapa para dispararle por la espalda. Los dos hablan de la revolución y de la injusticia, y se despiden como hermanos cuando se llevan a Mateo.
Escena VII
En la redacción del periódico El Popular, los jóvenes modernistas y don Latino piden ayuda para sacar a Max de la cárcel. El redactor, don Filiberto, habla de periodismo y de política y acepta llamar al Ministerio. Es una burla de la prensa de la época.
Escena VIII
Max es llevado a la secretaría del Ministro de la Gobernación. El ministro resulta ser un antiguo compañero suyo de juventud. Lo recibe, se avergüenza de lo que ha llegado a ser y, para acallar su conciencia, le ofrece un sueldo de los fondos reservados. Max lo acepta, sabiendo que es una limosna, y sale libre.
Escena IX
Max y don Latino van al Café Colón, donde encuentran a Rubén Darío. Con el dinero del ministro, invitan a cenar. Hablan de la muerte, de la poesía y de la vida eterna, y Rubén recita versos. Max siente que le queda poco.
Escena X
En un paseo con jardines, de noche, unas prostitutas se acercan a los dos amigos. Una de ellas, la Lunares, una muchacha muy joven, habla con Max, que la escucha con ternura.
Escena XI
En la calle, una madre llora con su hijo pequeño muerto en brazos, alcanzado por una bala perdida durante una carga de la policía contra unos obreros. Poco después se oyen disparos: han aplicado la ley de fugas a Mateo, el preso catalán. Max, horrorizado, siente vergüenza de ser español. Es la escena más dura de la obra.
Escena XII
Max y Latino llegan al portal de la casa de Max. El poeta, enfermo y sin capa, tiene frío y nota que se muere. Antes, define el esperpento: la deformación de la realidad por los espejos del callejón del Gato. Pide a Latino que no lo deje solo. Max muere en el portal, y don Latino, al verlo inmóvil, le quita la cartera con el décimo y se marcha.
Escena XIII
En la buhardilla velan el cadáver de Max. Madama Collet y Claudinita lo lloran. Llega don Latino, borracho, y Claudinita lo acusa de haberle matado. Aparece Basilio Soulinake, un amigo, que afirma que Max no está muerto sino en estado de catalepsia. La portera y un cochero de la funeraria discuten con él, y para comprobarlo le acercan una cerilla al dedo.
Escena XIV
En el cementerio, después del entierro, Rubén Darío y el Marqués de Bradomín conversan sobre la muerte de Max y sobre la vida y la gloria literaria, mientras dos sepultureros comentan con desprecio cuántos poetas acaban así.
Escena XV
En la taberna de Pica Lagartos, don Latino, borracho, gasta el dinero del décimo premiado. Enriqueta, el tabernero y otros clientes lo rodean. Uno lee en el periódico una noticia: en una buhardilla, una mujer y su hija se han suicidado con gas. Son Madama Collet y Claudinita. Don Latino sigue bebiendo, y la obra termina con un borracho repitiendo la muletilla que ha soltado toda la noche: «¡Cráneo privilegiado!».
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