El patrimonio cultural es el conjunto de bienes, materiales e inmateriales, que una sociedad hereda de su pasado y que considera dignos de conservarse y transmitirse porque expresan su identidad y su historia. Incluye monumentos, conjuntos urbanos, yacimientos arqueológicos, obras de arte, documentos y libros, pero también lenguas, fiestas, músicas, oficios, saberes y rituales. Lo que lo define no es la antigüedad ni el valor económico de los bienes, sino el valor simbólico que una comunidad les atribuye.
La idea moderna de patrimonio nació con la Revolución francesa. Ante la destrucción de iglesias y palacios del Antiguo Régimen, el abate Grégoire acuñó en 1794 la palabra «vandalismo» y defendió que esos edificios pertenecían a la nación y no a la monarquía o a la Iglesia. Durante el siglo XIX el patrimonio se identificó con el monumento: catedrales, castillos y palacios que se restauraban y se declaraban protegidos. El siglo XX amplió el concepto en dos direcciones. Por un lado incorporó lo cotidiano, como la arquitectura popular, los paisajes, los conjuntos industriales o los barrios obreros. Por otro, lo intangible.
Dos convenciones de la UNESCO marcan ese recorrido. La Convención del Patrimonio Mundial (1972) creó la lista de bienes culturales y naturales de «valor universal excepcional», desde la Alhambra hasta Machu Picchu. La Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (2003) reconoció las prácticas vivas, que solo existen mientras alguien las practica: el flamenco, la dieta mediterránea, los castells o el canto a tenor sardo. En España, la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español distingue bienes muebles e inmuebles y establece la máxima categoría de protección, el Bien de Interés Cultural (BIC). Las comunidades autónomas tienen sus propias leyes y catálogos.
Para la antropología, el patrimonio no es un depósito de objetos que el pasado deja tras de sí, sino el resultado de una selección. Cada sociedad decide qué conserva y qué olvida, y esa decisión dice tanto del presente como del pasado. Se habla de patrimonialización para describir el proceso por el que algo cotidiano (una receta, un barrio, una fiesta) pasa a ser considerado patrimonio. El proceso puede reforzar la identidad de una comunidad, pero también congelar prácticas que antes cambiaban libremente, convertirlas en espectáculo para turistas o imponer la versión de un grupo sobre la de otros. Las disputas sobre la devolución de piezas expoliadas durante la época colonial a sus países de origen muestran que el patrimonio es también un terreno político.
La conservación del patrimonio combina la protección legal, la investigación, la restauración y la difusión. Su objetivo no es solo que los bienes duren, sino que sigan teniendo sentido para quienes los heredan y que puedan transmitirse, es decir, garantizar la transmisión cultural.
El potlatch – Tutankamón y Howard Carter – Patrimonio – Transmisión cultural