En la lengua española, los adjetivos variables son aquellos que varían tanto en género como en número dependiendo del sustantivo al que vienen referidos; mientras que los adjetivos invariables son aquellos que no varían dependiendo del género, pero sí en relación al número.
Así, pequeño tiene cuatro formas, pequeño, pequeña, pequeños y pequeñas, y lo mismo ocurre con blanco o francés, que hace francesa. En cambio grande, marrón o israelí sirven igual para un sustantivo masculino que para uno femenino, un coche grande y una casa grande, y solo cambian al pasar al plural: grandes, marrones, israelíes. La gramática académica llama a los primeros adjetivos de dos terminaciones y a los segundos adjetivos de una terminación, que es una forma más precisa de decir lo mismo, porque casi ningún adjetivo español es invariable del todo.
La variación existe porque el adjetivo concuerda con el sustantivo al que modifica. El género del adjetivo no tiene significado propio, a diferencia del de muchos sustantivos: alta no dice nada que no diga ya mujer en una mujer alta. Es una marca de concordancia que repite el género del núcleo y ayuda a saber qué palabra va con cuál, sobre todo en frases largas o con el orden alterado.
Que un adjetivo tenga una o dos terminaciones depende casi siempre de cómo acaba. Los terminados en -o forman el femenino en -a (bueno, buena), y también la mayoría de los gentilicios acabados en consonante (español, española; alemán, alemana; andaluz, andaluza) y los derivados en -dor o -ón (trabajador, trabajadora; llorón, llorona). Son de una sola terminación los acabados en -e (verde, alegre, grande), casi todos los que acaban en -l, -r, -z o -s fuera de esos grupos (fácil, regular, feliz, cortés), los terminados en vocal tónica -í o -ú (marroquí, hindú), los acabados en -ista (optimista, socialista) y algunos en -a como belga, indígena o agrícola. Los comparativos heredados del latín, mejor, peor, mayor, menor, superior o exterior, tampoco tienen femenino.
El número es más regular que el género. Los adjetivos que acaban en vocal átona añaden -s (grandes, rojos); los que acaban en consonante añaden -es (marrones, fáciles), con el cambio ortográfico de z en c (felices). Con los acabados en -í o -ú tónicas conviven dos plurales, israelíes e israelís, hindúes e hindús, y la norma culta prefiere el primero.
Solo un grupo pequeño de adjetivos es invariable en las dos categorías. Son los que terminan en -s en sílaba átona, como isósceles (un triángulo isósceles, unos triángulos isósceles), o los compuestos del tipo antiarrugas o multiusos, que ya llevan la -s en singular. También se comportan así, con vacilación, los nombres de color que proceden de un sustantivo: unas camisas rosa, unos pantalones naranja, unos ojos violeta, aunque el uso que concierta, camisas rosas, está extendido y se acepta.
Hay además adjetivos que pierden la terminación delante del sustantivo, un fenómeno llamado apócope que no tiene que ver con el género. Grande se reduce a gran ante cualquier sustantivo en singular (un gran día, una gran idea), y bueno, malo, primero o tercero se acortan ante el masculino singular: buen tiempo, mal paso, primer piso. El femenino se mantiene entero: buena suerte, primera vez.
La concordancia plantea un último caso cuando el adjetivo se refiere a varios sustantivos de distinto género. La regla general, que ya recogía Andrés Bello en su gramática de 1847, es el masculino plural: un jersey y una falda blancos. Si el adjetivo va delante, tiende a concordar solo con el más cercano, su exquisita amabilidad y buen humor, porque la proximidad pesa más que la lógica.
Fuentes
- Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua EspañolaNueva gramática de la lengua españolaEspasa, Madrid2009
- Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua EspañolaDiccionario panhispánico de dudasSantillana, Madrid2005
- Andrés BelloGramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanosImprenta del Progreso, Santiago de Chile1847