El conocimiento empírico es el que se obtiene de la experiencia, es decir, de lo que se percibe con los sentidos y de lo que se aprende haciendo, y no del razonamiento puro ni de la autoridad de otros. Saber que el agua hierve antes en la montaña, que el pan sube si la masa reposa, que un paciente con esa fiebre y esa tos suele tener gripe, o que ese cliente paga tarde, es conocer empíricamente. La palabra viene del griego empeiría, «experiencia», y de ahí también empírico, que en el lenguaje corriente significa «basado en la práctica y no en la teoría»: un remedio empírico es el que funciona sin que se sepa por qué. En filosofía, el término se opone al conocimiento racional o a priori, el que se alcanza pensando sin necesidad de observar, como el de las matemáticas, y se relaciona pero no se confunde con el conocimiento científico, que es empírico pero además es sistemático, metódico y contrastable.
Sus rasgos salen de su origen. Es particular, porque la experiencia siempre es de este caso y de este momento, y solo por acumulación se convierte en regla. Es contingente: lo que la experiencia enseña podría haber sido de otro modo, y por eso ningún número de cisnes blancos demuestra que todos lo sean. Es falible, porque los sentidos engañan, la memoria selecciona y las coincidencias se confunden con causas. Es verificable, porque cualquiera que repita la experiencia puede comprobarlo, lo que es a la vez su límite y su fuerza. Y es, en su forma espontánea, asistemático: se acumula sin orden, mezclado con creencias y con supersticiones, y no busca explicar sino solo prever. El agricultor que siembra con la luna sabe muchas cosas verdaderas sobre su tierra y algunas falsas sobre la luna, y su experiencia por sí sola no le permite distinguirlas.
La primera descripción de cómo se forma la dio Aristóteles al principio de la Metafísica. Todos los animales tienen sensación; en algunos la sensación deja memoria; de muchas memorias de lo mismo nace la experiencia; y de la experiencia, cuando se capta lo que tienen en común muchos casos, nace el arte o la ciencia. El médico empírico sabe que a Calias y a Sócrates les sentó bien tal remedio; el médico que posee el arte sabe que ese remedio sienta bien a los de tal constitución, y sabe por qué. Aristóteles añadía una observación que sigue siendo cierta: en la práctica el empírico acierta tantas veces como el teórico o más, porque se cura a Calias y no al hombre en general, pero solo el teórico puede enseñar, porque solo él conoce la causa.
La modernidad convirtió esa descripción en un programa. Francis Bacon propuso en el Novum organum (1620) que la ciencia partiera de la observación ordenada y ascendiera por inducción hasta las leyes, en lugar de deducir desde principios heredados, y advirtió de los «ídolos», los prejuicios de la especie, del individuo, del lenguaje y de la tradición que deforman lo que vemos. John Locke sostuvo en 1690 que no hay ideas innatas y que la mente es al nacer como un papel en blanco sobre el que la experiencia escribe, por la sensación de las cosas externas y por la reflexión sobre las propias operaciones. David Hume llevó el empirismo hasta su consecuencia incómoda: si todo conocimiento de hechos viene de la experiencia, y la experiencia solo muestra que una cosa ha seguido a otra, nunca muestra que deba seguirla; la causalidad es una costumbre de la mente, y la inducción, el paso de lo observado a lo no observado, no tiene justificación lógica. Es el problema de la inducción, que nadie ha resuelto y con el que la ciencia convive.
Immanuel Kant intentó salir del callejón con una distinción que todavía se usa. Hay conocimiento a posteriori, el empírico, que depende de la experiencia y es siempre contingente, y conocimiento a priori, independiente de ella y necesario. Pero Kant añadió que la experiencia misma solo es posible porque la mente la organiza con formas que no vienen de ella, el espacio, el tiempo y las categorías como la causalidad: «todo conocimiento comienza con la experiencia, pero no por eso todo procede de la experiencia». El conocimiento empírico, en esta versión, no es un reflejo pasivo de lo que hay, sino el resultado de aplicar a lo que llega por los sentidos un orden que ponemos nosotros. Wilfrid Sellars radicalizó el punto en 1956 al criticar el «mito de lo dado»: no existe una experiencia pura anterior a los conceptos, y ya el ver algo como una mesa supone saber qué es una mesa.
La filosofía de la ciencia del siglo XX fijó la relación entre lo empírico y lo científico. Para los positivistas lógicos una afirmación tenía sentido solo si podía verificarse por la experiencia; Karl Popper replicó que la experiencia nunca verifica una ley general, pero puede refutarla, y que lo que distingue a la ciencia no es que parta de los hechos, sino que se expone a ellos. Mario Bunge, en un libro que ha formado a generaciones de estudiantes hispanoamericanos, separó el conocimiento ordinario o vulgar, empírico pero acrítico, del científico, que también es empírico pero es racional, sistemático, exacto, verificable y falible a sabiendas. La diferencia no está en la fuente, sino en el tratamiento: el científico mide, registra, controla las condiciones, busca la explicación y somete el resultado a la crítica de otros. Un campesino y un agrónomo observan el mismo campo; el segundo convierte la observación en datos y los datos en una hipótesis que otros pueden poner a prueba.
En la vida diaria el conocimiento empírico es la mayor parte de lo que sabemos, y en muchos oficios es insustituible. El cocinero que sabe cuándo está en su punto un arroz, el mecánico que reconoce la avería por el ruido o la enfermera que nota que un paciente va a empeorar antes de que lo digan las constantes poseen un saber que la experiencia ha depositado y que a menudo no pueden formular. Las ciencias sociales lo llaman conocimiento tácito, y la investigación cualitativa se ocupa en buena parte de hacerlo explícito. Su límite es también cotidiano: la experiencia propia es una muestra pequeña y sesgada, y de ella salen tanto los aciertos del experto como los prejuicios de todos. Reconocer que un conocimiento es empírico es reconocer a la vez que vale y que puede estar equivocado.
Conocimiento científico – Racionalismo – El problema de la inducción – Paradigma empírico-analítico – Verificación empírica (confirmación empírica) – Contrastación empírica – Teoría (definición general y concepto)
Fuentes
- AristótelesMetafísica, libro I, 980a-981bSiglo IV a. C. (trad. Tomás Calvo, Gredos, Madrid, 1994)
- Francis BaconNovum organumLondres (trad. Losada, Buenos Aires, 1949)1620
- John LockeEnsayo sobre el entendimiento humanoLondres (trad. Fondo de Cultura Económica, México, 1956)1690
- David HumeInvestigación sobre el entendimiento humanoLondres (trad. Alianza, Madrid, 1980)1748
- Immanuel KantCrítica de la razón puraRiga (trad. Pedro Ribas, Alfaguara, Madrid, 1978)1781
- Karl R. PopperLa lógica de la investigación científicaSpringer, Viena (trad. Tecnos, Madrid, 1962)1934
- Mario BungeLa ciencia, su método y su filosofíaSiglo Veinte, Buenos Aires1960
- Wilfrid SellarsEmpiricism and the Philosophy of MindEn Minnesota Studies in the Philosophy of Science 1, 253-3291956