En teoría de roles, las expectativas de rol son las conductas, actitudes y valores que los demás esperan de quien ocupa una posición social. De un médico se espera que guarde el secreto profesional, de una jueza que sea imparcial, de un profesor que llegue a clase preparado y de un padre que cuide de sus hijos. Las expectativas convierten una posición abstracta, el estatus, en un conjunto concreto de comportamientos. Ralph Linton formuló en 1936 la distinción que sigue vigente: el estatus es la posición que se ocupa, y el rol es el aspecto dinámico de esa posición, lo que se hace por ocuparla.
La formulación más detallada procede de la psicología de las organizaciones. En Organizational Stress (1964), Robert Kahn y sus colaboradores describieron el episodio de rol como una cadena de cuatro pasos. Los emisores de rol (jefes, compañeros, clientes, familia) tienen expectativas sobre la persona focal, la que ocupa el puesto. Las comunican, de forma explícita o implícita, y esas expectativas comunicadas son el rol enviado. La persona focal no recibe exactamente lo que se le envía, sino su propia interpretación, el rol percibido. Y según cómo lo perciba actúa, lo que da lugar al rol desempeñado. Los emisores observan esa conducta, la comparan con lo que esperaban y ajustan su presión en el siguiente episodio.
Las expectativas pueden ser formales, cuando están escritas en una descripción de puesto, un reglamento o un código deontológico, o informales, cuando se transmiten por costumbre y por la reacción de los demás. Pueden ser obligatorias o solo deseables, y su incumplimiento acarrea sanciones de distinto peso: desde una mirada de reproche hasta un despido. Robert K. Merton añadió en 1957 que cada estatus no tiene un rol sino un conjunto de roles: la estudiante de medicina tiene expectativas distintas de sus profesores, de sus compañeros, de los pacientes y de las enfermeras.
De ahí nacen los problemas que más ha estudiado la teoría. Cuando las expectativas de distintos emisores son incompatibles hay conflicto de rol: el conflicto intrarrol, como el del mando intermedio al que la dirección pide más productividad y su equipo menos presión, o el conflicto interrol, entre los papeles de trabajadora y de madre, por ejemplo. Cuando las expectativas no están claras aparece la ambigüedad de rol. Kahn encontró que ambas situaciones se asocian con más estrés, menos satisfacción y peor rendimiento.
Las expectativas de rol no son neutras: muchas se aprenden en la socialización y reproducen normas sociales que cambian con el tiempo, como muestra la transformación de los roles de género en el último medio siglo.
Emisor de rol – Ambigüedad de rol – Rol desempeñado (rol ejecutado, conductas de rol) – Rol percibido – Persona focal – Rol ejecutado