Impacto económico

Qué es el impacto económico, cómo se mide (efectos directos, indirectos e inducidos, multiplicadores), en qué se diferencia del coste-beneficio y sus trampas.

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El impacto económico es el efecto que un hecho, una decisión o una actividad produce sobre la economía de un territorio: cuánta producción, cuánta renta y cuánto empleo genera o destruye. Se habla del impacto económico de unos Juegos Olímpicos, de una universidad, de un puerto, de una sequía, de una subida del salario mínimo o de una pandemia. La expresión cubre dos cosas distintas que conviene no mezclar. Una es el efecto real, el que ocurre; otra es el estudio de impacto económico, el informe que intenta estimarlo, antes o después, y que se ha convertido en un género con sus métodos, sus clientes y sus trampas.

Los impactos se clasifican por su origen y por su sentido. Son exógenos cuando vienen de fuera de la economía considerada, como una crisis financiera internacional o un huracán, y endógenos cuando nacen dentro, como una reforma fiscal. Son positivos o negativos según aumenten o reduzcan la actividad, y de corto o largo plazo según cuánto tarden en aparecer y en agotarse: una obra pública crea empleo mientras dura, y la carretera que deja cambia los costes de transporte durante décadas. La distinción más importante en los estudios es la que separa tres capas. El efecto directo es el gasto del propio hecho: lo que paga el organizador de un festival a los músicos, a los técnicos y a los proveedores. El efecto indirecto es el que ese gasto provoca en los proveedores de los proveedores: la empresa de sonido compra equipo, contrata transporte y paga seguros. El efecto inducido es el de la renta que todo ello genera cuando los trabajadores la gastan en vivienda, alimentación y ocio. El impacto total es la suma de los tres, y la relación entre el total y el gasto inicial es el multiplicador.

La idea del multiplicador la formuló Richard Kahn en 1931 y John Maynard Keynes la puso en el centro de la Teoría general (1936): un aumento del gasto genera renta, parte de esa renta se gasta de nuevo, y así sucesivamente. El efecto final es un múltiplo del impulso inicial, tanto mayor cuanto mayor es la proporción de la renta que se consume y menor la que se ahorra o se va en importaciones. Para calcularlo sector por sector hace falta saber cuánto compra cada rama de la economía a las demás, y esa es la aportación de Wassily Leontief, que en 1936 publicó la primera tabla input-output de Estados Unidos. La tabla registra, para cada sector, qué le vende a cada uno de los demás y a la demanda final; a partir de ella se calcula cuánto tiene que producir toda la economía para atender un aumento de la demanda en un sector, con los efectos indirectos incluidos. Los institutos de estadística publican tablas input-output nacionales y regionales, y sobre ellas se construyen los multiplicadores que usan casi todos los estudios de impacto. Un multiplicador de la producción de 1,8 significa que cada euro gastado genera 1,8 euros de producción total; un multiplicador del empleo dice cuántos puestos de trabajo sostiene cada millón de gasto.

El procedimiento típico de un estudio es sencillo de describir. Se mide o se estima el gasto directo atribuible al hecho, se clasifica por sectores, se aplican los multiplicadores de la región y se obtienen cifras de producción, valor añadido, renta y empleo, que se presentan con frases como «el festival generó 48 millones de euros y 600 empleos». Las universidades los encargan para justificar su financiación, las ciudades para defender un estadio, los sectores para negociar impuestos y los gobiernos para evaluar inversiones públicas. El método es legítimo, y bien hecho responde a una pregunta razonable: qué parte de la actividad de un territorio depende de esa institución o de ese acontecimiento.

El problema es que casi nunca se hace bien, y la crítica más citada la formuló John Crompton en 1995 con una lista de once errores habituales en los estudios de impacto de instalaciones y acontecimientos deportivos. Los principales siguen vigentes. Se cuenta el gasto de los residentes, que habrían gastado ese dinero en la misma ciudad de todos modos, cuando solo el dinero que viene de fuera es impacto nuevo. Se cuentan los visitantes que habrían venido igual sin el acontecimiento, o que solo cambiaron la fecha del viaje. Se usan multiplicadores de ventas, que inflan la cifra, en lugar de multiplicadores de renta, que dicen cuánto queda en los bolsillos de los residentes. Se ignora el desplazamiento: el hotel lleno por el festival era el hotel que no podía alojar a otros turistas, y la calle cortada por el maratón es la tienda que no vendió. Y se omite siempre el coste de oportunidad: los millones públicos gastados en el estadio tenían otros usos posibles, y el impacto relevante es la diferencia entre lo que hizo ese dinero y lo que habría hecho en su mejor alternativa. Robert Baade y Victor Matheson revisaron en 2016 los estudios sobre los Juegos Olímpicos y concluyeron que los impactos anunciados antes de los Juegos rara vez se encuentran después: los costes se desbordan, el turismo adicional es menor de lo previsto y las instalaciones quedan infrautilizadas, con Barcelona 1992 como una de las pocas excepciones parciales.

Hay que distinguir, por último, el estudio de impacto económico de dos instrumentos con los que se confunde. El análisis coste-beneficio no pregunta cuánta actividad genera un proyecto sino si merece la pena: compara todos sus beneficios con todos sus costes, incluidos los que no pasan por el mercado, como el tiempo ahorrado, la contaminación o las vidas salvadas, y los descuenta al presente. Un proyecto puede tener un gran impacto económico y un valor neto negativo, porque mueve mucho dinero a cambio de más dinero todavía. Y la evaluación de impacto en sentido estricto, la que usan la economía del desarrollo y las políticas públicas, intenta medir el efecto causal de una intervención comparando lo que ocurrió con lo que habría ocurrido sin ella, mediante experimentos o cuasiexperimentos; es la única de las tres que responde a la pregunta de si la política funcionó. Cuando se lea que algo «tuvo un impacto económico de tantos millones», las preguntas que hay que hacer son de quién era el dinero, qué habría pasado con él de otro modo y quién pagó el estudio.

Impacto laboral – Impacto social – Impacto demográfico – Producto interno bruto (PIB real) – Factores económicos – Consumo inducido (consumo dependiente)

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Fuentes

  1. Richard F. KahnThe relation of home investment to unemploymentThe Economic Journal 41 (162), 173-1981931enlace
  2. John Maynard KeynesTeoría general de la ocupación, el interés y el dineroMacmillan, Londres (trad. Fondo de Cultura Económica, México, 1943)1936
  3. Wassily LeontiefQuantitative input and output relations in the economic system of the United StatesThe Review of Economics and Statistics 18 (3), 105-1251936enlace
  4. Ronald E. Miller y Peter D. BlairInput-Output Analysis: Foundations and ExtensionsCambridge University Press, 2.ª ed.2009
  5. John L. CromptonEconomic impact analysis of sports facilities and events: eleven sources of misapplicationJournal of Sport Management 9 (1), 14-351995enlace
  6. Robert A. Baade y Victor A. MathesonGoing for the gold: the economics of the OlympicsJournal of Economic Perspectives 30 (2), 201-2182016enlace
  7. Anthony E. Boardman, David H. Greenberg, Aidan R. Vining y David L. WeimerCost-Benefit Analysis: Concepts and PracticePearson, Boston, 4.ª ed.2011
Sarasola, Josemari (2025). "Impacto económico". Ikusmira. Recuperado de https://ikusmira.org/p/impacto-economico/

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