En ciencias sociales, un paradigma de investigación es el conjunto de supuestos sobre la naturaleza de la realidad que se estudia, sobre cómo puede conocerse y sobre qué métodos son adecuados para conocerla, que comparte una comunidad de investigadores y que orienta, a menudo sin que se haga explícito, cada decisión de un estudio. Elegir un paradigma es decidir, antes de recoger el primer dato, qué se va a considerar un hecho, una explicación y una prueba.
La palabra procede de Thomas S. Kuhn, que en La estructura de las revoluciones científicas (1962) llamó paradigma al marco de teorías, problemas, métodos y ejemplos compartidos que guía la «ciencia normal» de una disciplina hasta que las anomalías acumuladas provocan su sustitución por otro, como ocurrió con el paso de la física de Newton a la de Einstein (ver paradigma). Kuhn pensaba en las ciencias naturales y dudaba de que las sociales hubieran alcanzado un paradigma propio. En metodología de las ciencias sociales el término se usa en un sentido algo distinto: no se suceden unos a otros, sino que conviven varios paradigmas rivales.
Se suele describir un paradigma con tres preguntas, según la formulación de Egon Guba e Yvonna Lincoln. La ontológica: ¿existe una realidad social objetiva, independiente de quien la observa, o la realidad social es una construcción de los propios actores? La epistemológica: ¿qué relación hay entre quien investiga y lo investigado, puede el investigador mantenerse neutral o forma parte de lo que estudia? La metodológica: ¿cómo se obtiene el conocimiento, midiendo y contrastando hipótesis o comprendiendo significados desde dentro?
Las respuestas dan lugar a los paradigmas más citados. El paradigma positivista supone una realidad objetiva gobernada por regularidades que se descubren midiendo y contrastando hipótesis, como en las ciencias naturales. El postpositivista mantiene esa realidad pero admite que solo se conoce de forma imperfecta y probabilística, y sustituye la verificación por la falsación. El paradigma interpretativo, con sus variantes fenomenológica y hermenéutica, sostiene que la acción humana tiene sentido para quienes la realizan y que el objetivo es comprender ese sentido. El paradigma socio-crítico, heredero de la Escuela de Fráncfort y de Paulo Freire, añade que investigar debe servir para transformar situaciones de desigualdad. El paradigma pragmático deja de lado el debate filosófico y elige los métodos según lo que funcione para responder la pregunta, y es la base habitual de los métodos mixtos.
Los paradigmas se asocian con enfoques cuantitativos o cualitativos, pero la correspondencia no es automática: un estudio positivista puede analizar entrevistas, y uno crítico puede usar estadísticas. En una tesis o un trabajo académico, declarar el paradigma sirve para que el lector sepa con qué criterios juzgar el trabajo, porque la validez de una encuesta y la de una etnografía no se miden igual.
Paradigma positivista – Paradigma postpositivista (postpositivismo) – Paradigma socio-crítico – Interpretativismo (paradigma interpretativo, paradigma interpretativista) – Paradigma pragmático – Paradigma fenomenológico