Cayetano es el nombre burlón que se da en España, desde finales de la década de 2010, al joven de familia acomodada, de ideas conservadoras y de estética reconocible: camisa o polo con el cuello levantado, pantalón chino, a menudo rojo o salmón, náuticos sin calcetines, chaleco acolchado, pulsera con la bandera de España, pelo con raya y gomina. El femenino es cayetana, con el pelo largo y liso, el vestido de flores y la cesta de mimbre. Se usa en plural, los cayetanos, como nombre de una tribu, y casi siempre desde fuera y con sorna: nadie se llama a sí mismo cayetano. La palabra no está en el diccionario de la Real Academia, que sí recoge a su antepasado, el pijo, definido como la persona que en su vestuario, modales y lenguaje manifiesta gustos propios de una clase social adinerada.
El nombre propio Cayetano, de origen italiano y poco frecuente en España, se asocia desde hace generaciones a la aristocracia y a la alta burguesía madrileña, y el ejemplo más conocido es Cayetano Martínez de Irujo, hijo de la duquesa de Alba, jinete y habitual de las revistas del corazón. Pero el salto del nombre al tipo social lo dio una canción. En 2018 el grupo madrileño Carolina Durante publicó Cayetano, un retrato en tres minutos del chico de barrio de Salamanca que va a un colegio concertado, estudia en una universidad privada, no se mete en política «porque es de buena familia», veranea en el norte y lleva, en la letra, el polo de Ralph Lauren y el pelo engominado. La canción fue un éxito en la escena independiente y fijó el repertorio de rasgos que después repitieron los memes, los sketches y los artículos de prensa. El término se consolidó en mayo de 2020, durante el confinamiento por la pandemia, cuando los vecinos de la calle Núñez de Balboa, en el barrio de Salamanca de Madrid, salieron cada tarde con cacerolas a protestar contra el Gobierno. Las imágenes de las concentraciones, con chalecos acolchados y banderas, dieron la vuelta a las redes bajo la etiqueta de «la revuelta de los cayetanos», y representantes de los partidos de izquierda adoptaron la palabra para nombrar a los manifestantes.
Lo que distingue al cayetano del pijo clásico es sobre todo la política. El pijo de los años ochenta y noventa, estudiado por el periodismo y la sociología de la época, era un tipo de consumo y de estilo, con su jerga y sus marcas, pero no necesariamente ideológico. El cayetano, tal como lo retrata el estereotipo, es un conservador explícito: católico practicante, partidario de la unidad de España, aficionado a los toros y a la caza, votante de la derecha o de la extrema derecha, y orgulloso de serlo en un momento en que la juventud española se identifica mayoritariamente con la izquierda. El estereotipo incluye también su reverso autoconsciente: la figura ha sido adoptada con ironía por algunos de sus destinatarios, que se hacen llamar cayetanos y convierten la burla en seña de identidad, un movimiento que se ha visto en casi todas las etiquetas de este tipo, de los preppies estadounidenses a los sloane rangers británicos de los años ochenta.
La sociología ofrece varias claves para leer el fenómeno. Thorstein Veblen describió en 1899 cómo la clase ociosa usa el consumo y el ocio para exhibir su posición, y la estética cayetana es un catálogo de consumo ostentoso disfrazado de sencillez: ropa de marca que parece clásica, deportes que requieren tierra o caballos, veraneos en lugares que hay que conocer. Pierre Bourdieu añadió en La distinción (1979) que el gusto es una marca de clase que se aprende en la familia y funciona como un sistema de reconocimiento mutuo: el cuello levantado y los náuticos son señales que los iniciados leen al instante y que permiten saber quién es de los nuestros en una universidad o en una fiesta. Es el mismo mecanismo que explica el esnobismo, pero con una diferencia: el cayetano no imita a una clase superior, sino que exhibe la suya.
La tradición de los estudios culturales británicos, con Dick Hebdige, ha analizado las subculturas juveniles como estilos que comunican una posición frente a la cultura dominante, y Sarah Thornton acuñó la idea de capital subcultural, el prestigio que se gana dentro de un grupo por saber qué hay que llevar, escuchar y decir. Los cayetanos invierten el esquema: su estilo no es una rebelión contra la cultura de los padres sino su continuación deliberada, lo que los convierte en una subcultura conservadora, una rareza en un campo que suele estudiar a punks y raperos. Y la etiqueta misma, aplicada desde fuera, funciona como los estereotipos de clase de siempre: simplifica a un grupo diverso en una silueta, sirve para reírse del adversario y, al hacerlo, dibuja también a quien la usa, porque llamar cayetano a alguien es declararse de otra tribu.
Desde el punto de vista lingüístico, cayetano se suma a una larga serie de nombres propios convertidos en nombres comunes de tipos sociales en castellano: el señorito, que designaba al hijo ocioso de la familia terrateniente; la maruja, el ama de casa tradicional; la choni y el cani, de la clase trabajadora urbana; la charo, la mujer de mediana edad progresista. Todos funcionan igual: un nombre frecuente en una clase o en una generación pasa a nombrar la clase entera, con la burla incorporada. Lo que diga el término dentro de veinte años dependerá de si la figura que describe sobrevive a la moda que la bautizó.
Pijos – Esnobismo – Tribus urbanas – Subculturas – Estereotipos – Charo (estereotipo) – Clase social
Fuentes
- Carolina DuranteCayetanoSencillo, Sonido Muchacho, Madrid2018
- El EspañolAsí se mofa Twitter de las protestas de los «cayetanos» en el barrio de SalamancaEl Español, 17 de mayo de 20202020enlace
- Real Academia EspañolaDiccionario de la lengua española, s. v. «pijo»RAE, 23.ª ed. (versión en línea)2023enlace
- Thorstein VeblenTeoría de la clase ociosaMacmillan, Nueva York (trad. Fondo de Cultura Económica, México, 1944)1899
- Pierre BourdieuLa distinción: criterio y bases sociales del gustoMinuit, París (trad. Taurus, Madrid, 1988)1979
- Dick HebdigeSubcultura: el significado del estiloMethuen, Londres (trad. Paidós, Barcelona, 2004)1979
- Sarah ThorntonClub Cultures: Music, Media and Subcultural CapitalPolity, Cambridge1995