Un disco duro o disco rígido (en inglés, hard disk drive, HDD), llamado también unidad de disco duro, es un dispositivo de almacenamiento de información de gran capacidad, no volátil, es decir, que conserva los datos sin corriente eléctrica, y de tipo magnético. Guarda la información en uno o varios platos (platters) de aluminio o vidrio recubiertos de material magnetizable, que giran a gran velocidad, y la lee y escribe mediante unos cabezales (read/write heads) montados en un brazo móvil. Puede ser interno, integrado en un ordenador o en otro aparato, o externo, conectado por un cable.
Los cabezales no tocan los platos. Flotan sobre ellos, a una distancia de pocos nanómetros, sostenidos por el colchón de aire que arrastra el propio giro del disco. Si un golpe o una partícula de polvo hace que el cabezal toque la superficie, se produce un aterrizaje del cabezal (head crash) que raya el plato y puede destruir los datos; por eso los discos duros se fabrican en salas limpias y se cierran herméticamente. Los platos giran normalmente a 5.400 o 7.200 revoluciones por minuto, y hasta 15.000 en algunos servidores. Cada vez que hay que leer un dato, el brazo tiene que desplazarse a la pista correcta y esperar a que el sector pase por debajo, lo que lleva unos milisegundos: una eternidad para un procesador.
El primer disco duro fue el IBM 350, que se presentó en 1956 con el ordenador RAMAC. Tenía cincuenta platos de sesenta centímetros de diámetro, pesaba cerca de una tonelada y guardaba unos cinco millones de caracteres, que hoy caben en una sola fotografía de un teléfono. Los discos actuales, del tamaño de un libro de bolsillo, guardan más de veinte terabytes, varios millones de veces más, gracias a una densidad de grabación que ha crecido de forma casi continua durante setenta años.
Desde la década de 2010, los discos duros han ido cediendo el lugar a las unidades de estado sólido (solid-state drives, SSD), que guardan los datos en chips de memoria flash, sin piezas móviles, y son mucho más rápidas, silenciosas y resistentes a los golpes. Los portátiles y los teléfonos solo usan ya memoria de estado sólido. Los discos duros siguen siendo, sin embargo, bastante más baratos por cada gigabyte, y por eso se usan en los centros de datos para guardar grandes volúmenes de información y en las copias de seguridad. Como todo hardware mecánico, acaban fallando, y un disco duro no debería ser nunca la única copia de algo importante.