
El puntillismo fue una técnica pictórica desarrollada especialmente en Francia a finales del siglo XIX, que producía imágenes a través de multitud de puntos de color dispuestos de forma adyacente. Fue una técnica que se encuadró dentro del posimpresionismo y cuyo precursor fue Georges Seurat (1859-1891).
La idea de fondo era que el ojo, y no la paleta, debía hacer la mezcla. Un pintor tradicional que quiere un verde mezcla amarillo y azul antes de ponerlo en el lienzo, y cada mezcla de pigmentos pierde algo de luminosidad: cuantos más colores se juntan, más se acerca el resultado a un marrón apagado. Seurat pensó que si colocaba toques pequeños de colores puros uno al lado del otro, a cierta distancia el espectador los vería fundidos en un tono intermedio, pero con la intensidad de los colores de partida. Llamaba a su método cromoluminarismo; sus contemporáneos lo llamaron divisionismo, porque dividía el color en sus componentes, y puntillismo, en principio con ironía, por el aspecto de la pincelada.
La teoría no la inventó él. Seurat había leído al químico Michel-Eugène Chevreul, que dirigía los tintes de la manufactura de tapices de los Gobelinos y había estudiado por qué ciertos hilos parecían cambiar de color según lo que tuvieran al lado. Su ley del contraste simultáneo, de 1839, explicaba que dos colores yuxtapuestos se exageran mutuamente, sobre todo si son complementarios. También conocía el tratado del físico estadounidense Ogden Rood, traducido al francés en 1881, que distinguía entre mezclar pigmentos y mezclar luces, y las ideas de Charles Blanc sobre el color en Delacroix. Con esas lecturas se propuso hacer de la pintura impresionista, que confiaba en el instinto, un procedimiento con reglas.

La obra que presentó el método al público fue Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte, expuesta en 1886 en la octava y última exposición de los impresionistas. Representa a parisinos de distintas clases paseando por una isla del Sena, pero no se parece a las escenas al aire libre de Monet o Renoir. Las figuras están rígidas, casi de perfil, como en un friso egipcio, y la luz parece detenida. Lo que en el impresionismo era un instante, en Seurat se volvía una construcción geométrica y quieta. El cuadro causó escándalo, y el crítico Félix Fénéon lo defendió en sus crónicas de ese mismo año, donde bautizó al nuevo grupo como neoimpresionistas.
Seurat murió en 1891, con treinta y un años, y el método quedó en manos de Paul Signac, que fue su principal teórico. Signac amplió los puntos hasta convertirlos en pequeñas teselas rectangulares, como de mosaico, y en 1899 publicó De Eugène Delacroix al neoimpresionismo, donde presentaba la técnica como la culminación de un siglo de investigación sobre el color. Camille Pissarro la practicó durante unos años antes de abandonarla por lenta, y Van Gogh, Matisse y los fauvistas tomaron de ella el gusto por el color puro, aunque no la disciplina.

La mezcla óptica funcionó peor de lo que prometía la teoría. A la distancia a la que se contempla un cuadro, los puntos rara vez se funden del todo, y cuando lo hacen el resultado tiende a ser algo grisáceo, porque el ojo promedia las luces en lugar de sumarlas. Lo que el espectador percibe no es tanto un color más brillante como una superficie que vibra. Esa vibración, más que la exactitud científica, es lo que hace reconocible un cuadro puntillista.
El principio, en cambio, resultó profético. La idea de construir una imagen con unidades discretas de color que el ojo integra es la misma que hay detrás de la trama de la imprenta en color, de los puntos Ben-Day que Roy Lichtenstein agrandó en sus cuadros pop y de los píxeles de cualquier pantalla. Seurat quería una pintura científica; lo que dejó fue una intuición sobre cómo vemos.
El impresionismo – El posimpresionismo – Claroscuro
Fuentes
- Michel-Eugène ChevreulDe la loi du contraste simultané des couleursPitois-Levrault, París1839
- Ogden N. RoodModern Chromatics, with Applications to Art and IndustryD. Appleton, Nueva York1879
- Paul SignacD'Eugène Delacroix au néo-impressionnismeÉditions de la Revue blanche, París1899
- William Innes HomerSeurat and the Science of PaintingMIT Press, Cambridge (Massachusetts)1964