
Una composición abstracta es una composición plástica que no representa objetos reconocibles del mundo visible, sino que organiza formas, líneas, colores y texturas por sí mismos. En una composición figurativa, el orden de los elementos sirve para mostrar algo, un paisaje, una figura o una escena; en una abstracta, ese orden es el contenido de la obra. Lo que el espectador ve no es la imagen de otra cosa, sino relaciones de equilibrio, tensión, ritmo, contraste y peso visual (ver composición figurativa).
La abstracción como programa nació hacia 1910-1915, casi a la vez en varios lugares y por caminos distintos. Vasili Kandinsky, que pintó sus primeras obras sin motivo reconocible hacia 1910-1911, defendió en De lo espiritual en el arte (1911) que el color y la forma actúan sobre el espíritu como la música, sin necesidad de imitar nada. Robert Delaunay construyó cuadros a partir de discos y contrastes de color, como su Primer disco de 1913. Kazimir Malévich presentó en 1915 su Cuadrado negro como «grado cero» de la pintura, origen del suprematismo. Piet Mondrian llegó, con el neoplasticismo, a composiciones de líneas horizontales y verticales y planos de colores primarios, en busca de un equilibrio universal. Los historiadores han señalado que la sueca Hilma af Klint pintaba abstracciones desde 1906, aunque no las expuso en vida.
Dentro de la abstracción conviven dos grandes tendencias. La abstracción geométrica o constructiva se basa en formas regulares, como el cuadrado, el círculo o la retícula, y en un orden calculado: Mondrian, el constructivismo ruso, la Bauhaus o, más tarde, el arte óptico de Victor Vasarely. La abstracción lírica o informal se basa en el gesto, la mancha y la materia, y busca la expresión antes que el orden: el expresionismo abstracto estadounidense de Jackson Pollock o Mark Rothko, y en España el informalismo de Antoni Tàpies, Antonio Saura o el grupo El Paso.
Que una composición no represente nada no significa que carezca de reglas. Los mismos principios que organizan una pintura figurativa, el equilibrio de masas, el ritmo de las repeticiones, las direcciones de las líneas o el contraste de colores, son aquí lo único que sostiene la obra. Una composición estática, dominada por horizontales y verticales, transmite orden y reposo, como en Mondrian; una composición dinámica, con diagonales y formas que parecen girar o expandirse, transmite movimiento, como en Kandinsky. El tamaño también cuenta: los grandes lienzos de Rothko están pensados para verse de cerca y envolver al espectador en el color.
Precisamente porque no hay un objeto que reconocer, la composición abstracta admite lecturas muy distintas, y una parte de la crítica la consideró en su momento arte vacío o decorativo. Sus defensores respondieron que toda pintura, figurativa o no, es antes que nada una superficie plana cubierta de colores en un orden determinado, como escribió el pintor Maurice Denis en 1890, y que la abstracción no hacía más que reconocerlo abiertamente.
Composición figurativa – Composición estática – Composición bidimensional – Composición dinámica