En informática, un cursor (en inglés, cursor) es una marca visible en la pantalla, que el usuario puede mover, y que indica el punto en el que se va a realizar la siguiente acción. Su posición se controla con el ratón, con las flechas del teclado, con el dedo en una pantalla táctil o con otros dispositivos señaladores. La palabra viene del latín cursor, el que corre, y antes de los ordenadores designaba la pieza deslizante de una regla de cálculo, que se movía sobre las escalas para marcar un valor.
Hay dos cursores distintos que conviene no confundir. El cursor de texto (text cursor, también llamado caret) es la barra vertical, normalmente parpadeante, que indica dónde aparecerá la siguiente letra que se teclee en una caja de texto o en un documento; en las primeras terminales era un bloque o un guion bajo. El puntero (pointer) es la flecha que sigue los movimientos del ratón, y que cambia de forma según lo que tenga debajo: una mano sobre un enlace, una barra en I sobre un texto, un reloj o una rueda mientras el programa está ocupado. En el lenguaje corriente se llama cursor a los dos.
El puntero nació con el ratón. Douglas Engelbart y su equipo del Instituto de Investigación de Stanford lo presentaron en diciembre de 1968, en una demostración pública que después se llamó «la madre de todas las demostraciones», y en la que se vieron por primera vez juntos el ratón, las ventanas, el hipertexto y la edición de textos en pantalla. Xerox desarrolló esas ideas en su centro de Palo Alto en los años setenta, y Apple y Microsoft las llevaron a los ordenadores personales en los ochenta, con la interfaz de usuario gráfica que se usa todavía.
En las bases de datos, cursor tiene un significado distinto: es un mecanismo que permite recorrer uno por uno los registros que devuelve una consulta, en lugar de recibirlos todos a la vez, y que recuerda en qué posición del resultado se encuentra el programa en cada momento.