Enfocar es desplazar las lentes del objetivo para que la imagen de un objeto situado a cierta distancia se forme exactamente sobre el plano del sensor o de la película. Un objetivo solo enfoca con nitidez perfecta un plano, el plano de enfoque, paralelo al sensor en una cámara convencional. Delante y detrás de él la nitidez decae de forma gradual, y la franja que el ojo todavía acepta como nítida es la profundidad de campo. Elegir qué plano queda enfocado es elegir dónde mira quien vea la fotografía, porque la vista va primero a lo más nítido.
Durante el primer siglo de la fotografía el enfoque fue manual. En las cámaras de placa se juzgaba sobre un vidrio esmerilado, con la cabeza bajo un paño negro y la imagen invertida. Las cámaras de telémetro, como la Leica a partir de 1932, superponían dos imágenes en el visor que coincidían cuando la distancia era correcta. Las réflex de un objetivo añadieron microprismas y pantallas partidas en el centro del visor. El enfoque automático llegó al gran público en 1977 con la Konica C35 AF, una compacta, y a las réflex de forma generalizada en 1985 con la Minolta Maxxum 7000.
Hoy conviven dos técnicas de enfoque automático, a menudo en el mismo sensor. La detección de fase compara dos imágenes tomadas desde los extremos opuestos del objetivo, y por la dirección y la magnitud de su desfase sabe hacia dónde y cuánto mover las lentes. Es rápida y por eso domina en deporte y fauna. La detección de contraste mueve las lentes de un lado a otro hasta encontrar la posición en que la imagen es más contrastada. Es precisa, pero lenta, porque tiene que pasarse del punto para saber que lo ha encontrado. Las cámaras actuales combinan ambas y les añaden reconocimiento de sujetos (ojos, caras, animales, vehículos) para decidir qué enfocar, que siempre fue la parte difícil.
La cámara ofrece dos modos de funcionamiento básicos. En el enfoque simple (AF-S, one shot) enfoca una vez al pulsar el disparador a medias y bloquea la distancia, lo que permite enfocar y luego recomponer. En el enfoque continuo (AF-C, AI servo) sigue ajustando mientras el sujeto se mueve e intenta predecir dónde estará en el momento del disparo. Enfocar y recomponer tiene un defecto que se nota con diafragmas muy abiertos: al girar la cámara, el plano de enfoque gira con ella y deja de pasar por el ojo del retratado. Por eso conviene mover el punto de enfoque en lugar de mover la cámara.
El enfoque manual sigue siendo la opción natural en macro, donde la profundidad de campo se mide en milímetros, en astrofotografía, en vídeo y en cualquier situación con poca luz o poco contraste en la que el automático duda. Las cámaras digitales lo facilitan con la ampliación de la imagen en pantalla y con el realce de bordes (focus peaking), que colorea las zonas que están a foco.
Para paisaje existe la distancia hiperfocal: la distancia de enfoque que, para una focal y un diafragma dados, lleva la profundidad de campo desde la mitad de esa distancia hasta el infinito. Con un 24 mm a f/11 en formato completo ronda los 1,7 metros, de modo que todo lo que está a más de unos 85 centímetros parece nítido. Es un cálculo basado en un círculo de confusión convencional y funciona para copias de tamaño moderado; si la imagen va a ampliarse mucho, conviene enfocar algo más lejos.
Profundidad de campo – Velocidad de obturación – Exposición – Distancia focal