
Matorral es el terreno en el que crecen arbustos o plantas con ramas y tallos leñosos o duros, más pequeñas que los árboles y más grandes que la hierba. Es un paisaje y bioma típico de las zonas de clima mediterráneo, donde suele adquirir la forma de maquia, y de los páramos.
El matorral ocupa una posición intermedia entre el bosque y la pradera. Puede tratarse de una fase de sustitución, cuando un bosque dañado por incendio, tala o sobrepastoreo rebrota en forma de arbustal, proceso conocido como matorralización, o de una formación permanente en los climas secos y en los suelos pobres, donde los árboles no logran imponerse. En este segundo caso constituye el paisaje natural maduro, no una degradación.
Según su estructura y dominio de especies se distinguen varios tipos. El matorral alto y denso es la maquia propiamente dicha; el matorral bajo forma tomillares, jaral abierto y coscojar, y recibe en la cuenca occidental del Mediterráneo el nombre de garriga. En los Andes de Venezuela, Colombia y Ecuador, entre los 3.000 y los 4.500 metros de altitud, el matorral de páramo está dominado por frailejones de rosetas grandes, mientras que en las zonas desérticas aparece el matorral xerófilo de mezquites y crecosotes en Norteamérica o de jaras y retamas en el Mediterráneo.
Su distribución mundial abarca las cinco regiones de clima mediterráneo del planeta (sur de Europa y norte de África, California, centro de Chile, Sudáfrica y suroeste de Australia), los páramos tropicales andinos y las estepas y márgenes desérticos de Eurasia, África y Norteamérica. En la clasificación climática lo acompañan los climas mediterráneos, semiáridos y de montaña. Estas formaciones, separadas por los océanos, ilustran la convergencia evolutiva: especies distintas han desarrollado soluciones semejantes al mismo clima.
La flora del matorral está adaptada a la sequía y al fuego: hojas pequeñas, duras y cerosas (esclerofilia), abundancia de especies aromáticas cuyos aceites esenciales frenan la evaporación y el pastoreo, rebrote vigoroso de cepa tras las quemas y semillas que germinan con el calor de las llamas. Entre su fauna destacan conejos, liebres, perdices, jabalíes, ardillas y una gran diversidad de insectos polinizadores.
En España la gestión tradicional del matorral dio lugar a paisajes de mosaico como la dehesa, un aclarado de bosque y matorral para pasto del ganado, y a la prevención de incendios mediante quemas controladas y pastoreo extensivo. Su abandono en las últimas décadas, junto al despoblamiento rural, ha aumentado la continuidad de combustible y la virulencia de los incendios forestales en el arco mediterráneo, un proceso de degradación hacia formaciones simplificadas o degradación paisajística.